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Luego de una larga militancia en la
promoción cultural y literaria Taty Hernández, desde su palomar en Jarabacoa,
publica su primer libro, el poemario Temblor de espera. Los textos que componen
este pequeño volumen los caracteriza la frescura y la transparencia del
lenguaje, y en ellos la cotidianidad aflora con el mismo vigor que fluye la
existencia de la autora. Son versos que trascienden el discurso retórico
estampado en gran parte de la poesía dominicana actual.
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Nueve temblores
para una espera
Este epílogo
tiene un origen fragmentado. En secreto, sin que ninguno lo supiera, concebimos
la idea de convocar a diversos amigos poetas para que escribieran un párrafo con
su parecer sobre Temblor de la espera.
Nuestra
esperanza era hilar un texto conexo e inconexo al mismo tiempo, una especie de
cadáver exquisito sin conciencia de origen. Un juego cuya profundidad radicara
en el hecho de que cada quien jugara sin saberlo. El resultado está ordenado en
los puntos del 1 al 9, donde cada número marca el aporte de cada escritor, según
se especifica en el párrafo final.
1. La estética
de la creación verbal bajtiana se ve claramente en el yo poético de Taty
Hernández que nos enfrenta con el patho verdadero a través de un lenguaje
cargado de metáforas y de imágenes sensoriales con resonancias históricas. La
postura ideológica de la poeta emerge de un repertorio de figuras y términos que
conducen al lector hacia un feminismo refrescante y balanceado que disfruta y
contempla a plenitud el cuerpo amado y la vida en su sentido más amplio. El pelo
y las manos son los recursos eróticos por excelencia del yo polifónico de esta
poeta que transita la territorialidad pasional con "cristalización verbal", como
diría Octavio Paz. Las palabras, en “Temblor de la espera”, no quitan el
dolor, reconstruyen emociones catárticas. En esta obra, algunas veces, los
grandes temas universales: el amor, el desamor, la vida, la muerte, la
naturaleza, los mitos y leyendas están enmarcados en un ambiente enigmático y
misterioso.
2. Lo telúrico
quisqueyano y lo clásico universal, el discurso personal y la proclama social,
la naturaleza domeñada a punta de cayuco y la metáfora huida en alas sugerentes,
y la palabra de mujer y el verso con sabor a huella son las hebras entretejidas
con las cuales nos atrapa.
3. Epica del
cuerpo, geografía de los sentidos, memoria deseante, la poesía de Taty
Hernández evoca un paisaje sensual, de relieves abismales. El cuerpo que
canta, danza en un bosque de palabras, tatuado en un espacio de clamores, deseos
y acechanzas. La poesía aparece aquí para justificar su ser en la palabra y sus
raíces lúdicas. Sus imágenes sobrevuelan en el texto construido con los
materiales de la ternura y la pasión.
4. A flor de
piel, la brasa viva. La poeta, con turbadora calma de hormiga o de abeja,
cincela el verso a la medida. Lo dice todo cuando lo elude todo. “Temblor de
la espera”, singular manera de aludir el plural de las cosas con la mayor
economía de los recursos de la lengua.
5. Poemario de
síntesis extraordinaria con la brevedad lírica del hai-kai. Sin proponérselo la
autora llega a la poesía con la espontaneidad del dominio del oficio. Hay un
aliento bucólico de su tierra dominicana en donde reluce la siembra del amor y
sus penas consiguientes. Además existe una visible voluntad de estilo dentro del
cromatismo estético y musical de este hermoso libro.
6. Fresca,
cotidiana y sensual, esta poesía se plantea no sólo como gozo sino también como
búsqueda permanente de identidad. Transfiguradas las palabras en imágenes
deslumbrantes, cuando ya han cesado las palabras, queda latiendo la poesía. En
“Temblor de la espera”, Taty Hernández es muchas y distintas.
Celebro esta nueva voz en la poesía dominicana.
7. Conocí a
Taty Hernández en Panamá y nos convocó la poesía. La suya es profunda y
vital como ella misma: nutrida con metáforas que vuelan y nos dicen ansias de
mujer, fuego inacabado, cielo. Nos remite al ser imaginativamente puro que yace
en los subsuelos de su piel. Saludo su libro porque en él late la existencia, el
amor y a veces el miedo.
8. El linaje de
Safo halla un eslabón en esta obra. Eros y Afrodita litigan un espacio en esta
poética. Lo que a mi juicio destaca más en la creación de la autora, no es tanto
el uso del lenguaje -que es acendrado y limpio-, sino su particular forma de
atrapar su "circunstancia", la cual aterriza poéticamente haciendo uso de su
"inteligencia emocional".
9. "Temblor
de la espera", de la poeta dominicana Taty Hernández, busca y logra
plasmar las diferentes esferas de un mundo distinto, mucho más personal y más o
menos en el orden de la trasgresión y secuencia de la modelación emblemática, en
esa exactitud que el pulso traza desde la esperanza, límite de una sospecha, de
un secreto vínculo entre la voz y el aire y de una forma de sorpresa que genera
lo extraño de su mundo.
1: Teonilda
Madera, poeta dominicana, autora de Sorbitos de café en paisajes yertos.
2: David C. Róbinson O., escritor panameño, autor de La canción
atrevida. 3: Basilio Belliard, poeta dominicano, autor de Diario
del autófago. 4: René Rodríguez Soriano, escritor dominicano, autor
de Canciones rosa para una niña gris metal. 5: José Córdova,
escritor panameño, autor de
Semilla del alba
6:
Fernando Valerio-Holguín, escritor dominicano, autor de
Autorretratos. 7: Porfirio Salazar, poeta panameño, autor de
La
cítara del sol.
8: P. Fausto A. Leonardo Henríquez, poeta dominicano, autor de
La
Seducción del aire
9: José Alejandro Peña, poeta dominicano, autor de Blasfemias de la
flauta.
A tod@s, nuestro
agradecimiento por la ciega pasión con que participaron en este juego de
temblores.
Temblor de la
Espera.
Taty Hernandez.
Ediciones
Hojarasca, 2003.
70 páginas.
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