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PINTOR y músico, metapoeta. Ha ejercido el periodismo
literario. Su poesía
es un constante desgarre concerniente al onirismo y a lo Ontológico
Cotidiano cero
Esta densidad de hombres que soy
y que me acompañan
apoyados por el estiércol
y la duda maltrecha,
enfatizan su estancia
en el cieno de mi ojo,
en la burda sonrisa
de la real inocencia
y después, sigo insistiendo
que ya no soy ellos ni yo mismo
sino el perro de la esquina
dopado de martirios
junto a muros con grafitis
y borrachos aturdidos
por lo absurdo en la depravación
de la noche
Soy la otra verdad
Que no vacila
En revelarse a la muerte
Ahora y en todo caso
Probablemente sepas quién soy.
Cotidiano uno
Bajé en mi despertar
arcángel idílico
entre muchedumbres de barro
Para verte
y sabías
de un “ya-no-me-acuerdo” lejano
sin tan sólo escuchar un trueno
en tus labios rotos
Debajo de mis axilas
existe la rabia del viento
huella inflexible
que desprecias en ambos
Soy el ave civilizada y primitiva
el fénix que bebe wisky
en la mesa de la última cena
Quizás no reconozcas
mis derrames prematuros
pero yo sí sé reconocer
los silos que enarbolan
la frase deshecha
y tú sabes
como el sócrates,
que yo no sé
si algún día sabré nada
Cotidiano tres
Yo, el infrascrito taciturno
argonauta impostergado
cotidiano de muchedumbres
no sublevadas
ciudadano de las escorias terrenales
burlador del descaro matinal
copista del destino incierto
corsario de la palabra maldita
Yo, el infrascrito,
caigo en la tierra
y tantas veces me levanto
El cuerpo del viento
la oratoria del lago
la claridad suprema
me aborrecen
Soy como un punto en la oscuridad
más oscuro que el ojo de la noche
Voy como buzo
a través de depravados escollos
donde el miasma
ahonda su estirpe
Yo, el infrascrito
tengo las manos hinchadas
de escribir lo mismo
y en mi más
oculta buhardilla
siento una profunda
y miserable sed
Cotidiano cinco
Reconozco los planos
más ocultos de la demora
y la prisa
en esta borrasca fúnebre
de sonrisas
histriónicamente verticales
El río balsámico
pierde su orilla
y llega hasta la inmediatez
de cremalleras lunares
que se yerguen y cierran
justamente cuando abres
las escotillas del hirsuto firmamento
¿Qué persigues al girar tantas
veces sobre el ónix de tu lengua?
Voraz descubrimiento de lo amargo
Andrógino catapultario
presentación púrpura
donde los montes telúricos
indagan de un mismo
universal signo del yo insinuado
como miasma en las proximidades
volcánicas de la tarde
Porque el día,
el ayer y la penumbra
exploran
lo más profundo
del mito de ser todas las cosas
Me niego simplemente
a lo que la negación
nunca ha podido llegar
a negar
porque después que afirmo
lo que ocurre en mis
escondites cotidianos,
la boca del viento
implora tifones y volcanes
heridos por la sonrisa de la calma
Porque después
la calma excita sus metáforas
y provoca en el barro llagas
y estigmas
que sólo la virtud del fuego
explicará en mi carne
Y yo, cotidiano del mundo,
seré la misma cosa
que el demonio siempre
ha querido ser: un ser humano
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